Recibimos la justificación por la fe, y no por las obras.
Si tratáramos de justificarnos por obras, ya no sería por gracia. Además,
tendríamos que ser absolutamente perfectos, porque Dios es totalmente santo, y
debe castigar el pecado. Sería como tratar de saltar a la luna. No podemos
llegar a la luna sin un cohete, y Cristo es "nuestro cohete".
